En la Orilla

Rafael Chirbes murió fumando para hacerse famoso, casi sin dejarnos tiempo a descubrirle, sorprendiéndonos con el relato de nuestros días sórdidos. Apenas nos dio tiempo a realizar el exorcismo de los premios nacionales de literatura.

Con el disgusto, los burdeles de todo el país cayeron en la desgracia institucional. ¡Demonios! Parece como si todo el mundo le hubiese leído y son todo miradas de reproche.

Hubo que esperar a que el hedor subiese a los cielos de la literatura, para descubrir lo que inundaba los palacios de justicia.


 Alegoría de la amargura y
derrumbe de los que heredaron el engaño.
Resurrección de lo real, la de siempre.
Eucaristía del odio, para agnósticos de lo social
Rezo nocturno al más acá de la Revolución.
En la hora de nuestra muerte, 
Amen.

Recomendable.


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