The Empire of Pain

 Llevaba un tiempo horrorizado con las ocasionales noticias que llegaban sobre la crisis de los opiáceos en Estados Unidos, cuando se producía otra oleada de reportajes periodísticos a modo de promoción encubierta de un nuevo libro, el Imperio del Dolor.  Llevado del impulso irrefrenable que los libros digitales canalizan, me lo compré y me aboque a su lectura. 

El autor, Patrick Radden Keefe, es un periodista  americano que ha realizado una investigación sobre un aspecto a mi gusto demasiado específico de la dramática epidemia de muertes por sobredosis de opiáceos, sintéticos y naturales, que lleva asolando Estados Unidos en los últimos 30 años. 

El libro se centra en la historia y papel que la familia Sackler, judíos sefardíes que llegaron a Estados Unidos a principios del siglo XX, jugaron en este terrible episodio de la historia americana, que aun hoy en día continua con unas cifras de muertos anuales francamente terroríficas. 

La familia Sackler hizo fortuna desarrollando técnicas que hoy en día se consideran dudosamente éticas en la promoción y prescripción de novedosos narcóticos como el Valium. Esto revolucionó el mundo de la farmacología, haciéndoles inmensamente ricos. El problema, es el carácter adictivo de estas sustancias, que no fue adecuadamente anticipado y paliado.

Lo cierto, es que en la generación inicial de la familia Sackler, los hermanos Arthur, Mortimer y Raymond, tuvo una enorme motivación en acabar con los tratamientos psiquiátricos que entonces estaban fuertemente basados en la reclusión, los electroshocks (por cierto descubro en el libro que Lou Reed sufrió electroshocks y aparentemente también fue un destacado heroinómano) y las lobotomías*. El descubrimiento de estos fármacos revoluciono este área de la medicina y devolvió a la libertad a un número importante de enfermos. Pero...

Siempre hay un pero. Ya fuese motivados por los enormes ingresos obtenidos, o por un sincero entusiasmo en estos nuevos fármacos, lo cierto es que se infra valoraron los riesgos y claro, elevaron las expectativas. Si bien todo comenzo con el Valium, que ha sido unos de los fármacos mas vendidos, y de los que más se ha abusado, el problema, no reside ahí.

Fue la segunda generación de los Sackler, liberados por Richard Sackler, hijo de Raymond, quien de nuevo, sobre la base de una innovación farmacológica consistente en un mecanismo de liberación lenta de opiáceos paliativos para el dolor, quien en los noventa, aplicando lo aprendido en las campañas anteriores, puso en marcha una ofensiva de lo más agresiva para conseguir la prescripción de la Oxycodone

El fármaco, enfocado a enfermos de cáncer y otras enfermedades fuente de dolor crónico, es un opiáceo semi sintético, fuertemente adictivo y mortal en dosis muy pequeñas. Estos riesgos eran, aparentemente mitigados por un mecanismo de dosificación lenta que permitiría reducir a dos las dosis diarias, eliminando los riesgo de adicción y sobredosis. Pero...

Otro pero... Lo ciertos es que muchos pacientes, por un lado, requerían cada vez dosis mayores para conseguir la misma efectividad y desarrollaban síndrome de abstinencia. De ahi a machacar las pastillas para esnifarlas o inyectárselas fue cuestión del ingenio de unos pocos... Para complicarlo aun más todo, los cárteles de heroína, siempre ávidos de oportunidades primero y luego los productores de fentanilo del sudeste asiático, vinieron a competir en precio con las recetas.

Tal fué la situación, que en realidad la Oxycodone, no llegó a representar más de 5% del consumo de opiáceos, pero la avaricia de nuevo, que sin duda llevo a la industria a mirar hacia otro lado, y lo emblemático de la familia Sackler, los ha convertido en excelente ejemplo de maldad, que ni sus numerosas obras filantrópicas, ni las evidentes responsabilidades de la FDA y los facultativos, han eclipsado.

El libro esta muy bien escrito y profusamente documentado, con una cantidad abrumadora de notas y fuentes identificadas. Al margen de cierto amarillismo al final del libro, personalmente me hubiese gustado contar con detalles extra sobre los aspectos adicionales de la epidemia. Pero entiendo que en tal caso, la obra se podría haber extendido hasta el infinito. El autor refiere al lector a otras obras reseñables sobre el tema, como Dreamland de  Sam Quinones.

Por último, el libro hace pensar sobre la sociedad americana contemporánea, con grande extensiones del país dejados de la mano de Dios, pasto del desempleo, las adicciones y una sociedad que no tiene espacio para el fracaso.

También quedan reflejados un colectivo como los abogados, que ganan cientos de millones con estos litigios y un colectivo de la cultura al que no le ha importado recibir millones de dólares en donaciones filantrópicas y que caen en una evidente contradicción, por su enorme capacidad de mirar solo hacia el lado del dinero... Otros ejemplos como el de Epstein  o Madoff solo viene alimentar la sensación de lo difícil que es el mundo de la filantropía.

En fin, muy interesante y recomendable.

* Sobre la brutalidad de los psiquiátricos de primera mitad del siglo XX hay un excelente libro de Maxence Van der Meersch llamado Cuerpos y almas.




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